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Existen varias personas que tienden a confundir la artritis reumatoide (AR) con otras formas más frecuentes de artritis o lo más preocupante es que si no se identifica el tipo de artritis, la persona podría recibir el tratamiento incorrecto. Es necesario poder identificarla y tener el apoyo adecuado para esta afección crónica.

Visita a tu médico

MITO: La artritis reumatoide y  la artrosis son iguales

REALIDAD: Existen diferentes formas de enfermedades reumáticas. La más frecuente es la artrosis, que se produce en personas de mediana edad y personas mayores, es la enfermedad reumática más frecuente.

Mientras que la artrosis está causada por una lesión o por el desgaste normal de las articulaciones al envejecer, la AR es un trastorno autoinmunitario progresivo y crónico, en el que el sistema inmunitario ataca a su propio cuerpo.

La confusión entre estos dos tipos de enfermedades reumáticas puede ser aún mayor debido al hecho de que algunas personas con AR también tienen artrosis, de forma que ambas enfermedades deben diagnosticarse de manera adecuada.


MITO: Sólo las personas mayores tienen Artritis Reumatoide

REALIDAD: A diferencia de la artrosis, que es la enfermedad de las articulaciones más frecuente en las personas mayores, cualquier persona puede tener AR, desde niños hasta mayores.
La AR se diagnostica más frecuentemente en personas de entre 30 y 50 años.

Aunque la gente a menudo se queja de “un poco de reuma” la verdad es que la AR puede amenazar la salud y limitar la independencia si no se diagnostica rápidamente y se trata de forma adecuada.
Si le quitamos importancia a esta afección y retrasamos la visita al médico, como hace mucha gente durante meses o años, el resultado puede ser daño en las articulaciones, disminución de la funcionalidad a largo plazo y mayor dependencia.


MITO: Algunos tratamientos para la AR pueden ser tóxicos, por lo que debe esperar el máximo  posible antes de tomar medicación

REALIDAD: Todos los medicamentos tienen efectos secundarios y los médicos evalúan los riesgos antes de recetar cualquier medicamento para una enfermedad. En la AR sucede lo mismo.

Es fundamental tratar la AR al inicio y de forma agresiva, ya que los estudios han demostrado que el tratamiento precoz ayuda a prevenir el daño articular y la discapacidad a medida que avanza la enfermedad.

Algunos medicamentos utilizados para el tratamiento de la AR pueden tener efectos secundarios graves, el control periódico con sencillos análisis de sangre y visitas al médico puede detectar muchos de ellos.  

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